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Los escalofríos de la quimioterapia II: la escasez

Escasez de tratamientos, de medicinas, de esperanzas… Permítame la queja

«Solicito URGENTE Carboplatino de 450mg para paciente en quimioterapia, por favor difundir». Similares a ese tweet veo a diario en mi TL; en donde no solo veo como buscan carboplatino debido a la escasez general en Venezula; sino también donantes de sangre, acetaminofen, insulina y otra infinidad de recursos médicos más, hasta pañales para niños y adultos.

Frente a la insoportable escasez que está atravesando el país; tanto de alimentos, como de medicinas e incluso de prendas de vestir; es muy fácil sensibilizarse y solidarizarse con las personas que andan en la búsqueda implacable de alguien que les pueda aportar un poco de ayuda o por lo menos, información de lo que necesitan; como es muy cuesta arriba ayudar de la forma que necesitan, lo poco que está a mi alcance es hacer un RT a todos quienes necesitan un #ServicioPúblico.

«Solicito URGENTE Carboplatino de 50mg, 150mg y 450mg para paciente en quimioterapia. Agradezco cualquier info»; esta vez no se trataba de un tweet al que le daría RT por solidaridad, sino más bien un tweet del que necesitaba su difusión. Un mensaje que apareció en mi TL pero porque yo misma lo había escrito; lo había escrito hecha un manojo de nervios mientras mis ideas (esas del tipo del que nadie necesita) me atacaban y me dejaban sin analizar bien la situación. La escasez de medicamentos nos había alcanzado a nosotras; a una fuerte pero vulnerable familia.

Mi hermana tiene sus quimios los días viernes, esto con la intención de no tener que recurrir al reposo y faltar al trabajo, aunque siempre lo necesita, ya que los efectos son muy fuertes. Como los tratamientos se hacen los viernes, sus medicamentos deben buscarse los lunes anteriores para tenerlos listos el día pautado. Llegó el lunes, pero con él no llegó el carboplatino, ingrediente clave para completar el tratamiento.

La más calmada

Mi hermana, entre sus nervios y dudas nos dijo a mi mamá y a mi que no había conseguido el medicamento en el lugar de siempre, que seguiría caminando a ver dónde lo podía encontrar, obviamente, los movimientos de mi hermana por el momento son muy lentos y limitados, como consecuencia de algunos malestares de la quimioterapia, pero la necesidad de encontrar el fármaco la llevó a seguir averiguando. Al sentir que su cuerpo no pudo más, acudió a nosotras para que buscáramos algún tipo de información vía telefónica o por amigos. Mi mamá emprendió una búsqueda incesante a través de farmacias, fundaciones e instituciones, en donde la respuesta recibida era la misma: no hay.

Frente a esto, el desespero la embargó, y es que, ¿cómo no desesperarse ante esta situación? Yo tampoco pude evitar ponerme tensa, pero traté de mantener la calma, ya que, entrar en el mismo estatus de mi hermana y mi mamá no era la mejor opción. Recurrí a una de las pocas herramientas que mejor sé usar: el Twitter.

Coloqué mi mensaje, haciendo ver que lo necesitaba rápidamente pero evitando caer en el desespero, se difundió eficazmente y llegó a cientos de personas, en donde alguna de ellas me daban respuesta, recomendaciones y los más solidarios, como yo, colaboraban con un retweet. Pasó el primer día y ninguna de las tres consiguió el medicamento, para el día siguiente recurrí a mis amigos.

Me sentí bien al recibir el montón de solidaridad por parte de ellos, hasta de algunos con los que no había hablado en un buen tiempo, todos pendientes de obtener alguna información y facilitármela, otros buscando con nosotras dónde conseguir lo requerido, incluso hasta fuera del país, y otros tantos, difundiendo el mensaje a través de sus cuentas Twitter. Mi agradecimiento infinito para ellos.

Conseguimos algunos carboplatinos en el interior del país, pero los establecimientos de servicio de encomienda no permitían el envío de medicinas de ningún tipo. Reglas indolentes en delicadas situaciones.

Y así, finalmente…

Luego de tres días de ardua búsqueda, intenso estrés y mucha, mucha roncha, pudimos completar el carboplatino necesitado el día jueves en la tarde, faltando solo unas pocas horas para el tratamiento. Este pudimos obtenerlo a través de amigos, fundaciones localizadas a través de las redes y finalmente, una institución a donde llegó el medicamento.

Llegó el viernes, y llegamos mi hermana y yo a la sala de terapia, frente a una situación donde la esperanza es el motor principal pero la situación país no colabora mucho en preservarla.

Me niego a vivir así, sin garantías de nada.

 

Los escalofríos de la quimioterapia, Parte III.

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