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Cuando tus amigos se van del país, se va una parte de ti

La partida de los amigos…, Una época triste en Venezuela, que no exonera a nadie

La fuga de cerebros cada vez es mayor en Venezuela; miles de jóvenes planean, organizan, meditan y prevén cómo harán para salir del territorio en el que las oportunidades se reducen conforme pasan los minutos; territorio donde el hacer carrera profesional es algo que solo está planteado en los libros de historia.

Muchos son los amigos que se han ido; el inicio del Facebook se ha convertido en un álbum de bodas, embarazos y por supuesto, fotos en la obra de Carlos Cruz Diez que caracteriza al aeropuerto internacional de Maiquetía, un piso que ya se me hace fácil de distinguir, a pesar de que jamás en la vida lo he pisado.

El primer golpe

El 28 de enero del año pasado se fue una de mis mejores amigas; compañera de clases y de locuras, mi otra mitad. Carina decidió irse del país apenas se graduó, prácticamente no le habían terminado de colocar la medalla cuando ya ella estaba haciendo Check In en el aeropuerto rumbo a Irlanda.

No sé cómo será para ustedes, pero me afectó mucho el que ella se fuera, y aunque la tecnología y sus avances nos permita mantener la comunicación constante, la distancia siempre hace que todo se torne más difícil. Seguimos siendo amigas; pero eso de dormir una en casa de la otra, salir a echarse en un parque mientras se habla el más puro y confortante gamelote se acabó gracias a que Venezuela no permite a los jóvenes trabajar por sus sueños y alcanzar las metas.

Carina era como mi otro yo; siempre estábamos juntas y era imposible ocultarle algo debido a lo bien que me conocía; podía saber si me pasaba algo con tan solo verme a los ojos, éramos tan unidas que incluso mi mamá decidió adoptarla como otra hija, en nuestra relación, era ella la de las ideas y me empujaba a mi a seguirle; era la del carácter, la que no le daba miedo pelear en la calle y la que le gritaba a quien pretendía pisarle los derechos.

Como una vez que le reclamó a una mujer en un supermercado porque se le estaba coleando en la fila para pagar; no olvidaré jamás como Carina le gritó frente a todo el Unicasa y la mujer no vio una mejor solución que arrojarle cuatro kilos de Harina Pan a la cara mientras ella se burlaba y le seguía reclamando.

Carina ahora vive en Perú; no ejerce su profesión pero el empleo que tiene le permite vivir cómoda, su sueldo le alcanza para pagar alquiler, mercado, ropa y darse un gusto de vez en cuando; camina sin miedos por las calles de Lima y se baña con el jabón que a ella más le gusta. ¿Quién diría que se encontraría tanta felicidad en tanta simplicidad?

Y después de superar el despecho…

El mismo día en el que se cumplen los dos años de la dichosa siembra del «comandante eterno«; Kaky llega a Bogotá, llega a vivir y a ser feliz, llega a la capital colombiana a comerse el mundo que aquí le faltó; llega a luchar por un sueño que sí podrá cumplir. Quienes me conocen, saben que Kaky es como mi hermana; (o lo más parecido a un novio, como le digo yo), ella es de esas amigas que darían lo que fuera por que tú estés bien, de esas que se preocupan y de las que te pareces tanto tanto, que eventualmente llega ese momento en el que se convierten en una sola persona.

Después de haber superado la tristeza que me dejó el que Carina se fuera, ahora se va Kaky; mi otra compinche, con la que podía pasar toda la semana sin aburrirme. Kaky, al igual que Carina, es mi pañito de lágrimas, mi confidente; la que me conoce enteramente, incluso más que mi mamá, ella es como un calmante, a quien busco cuando me siento mal o tengo un problema, a quien le aterrizo en la casa cuando no quiero estar en la mía y mi excusa perfecta para escaparme, mi compañera y cable a tierra. Su partida sin duda me dejará el corazón roto en miles de pedacitos.

Tengo varios amigos, cada uno tan importante como el otro; pero ninguno ocupará jamás el lugar que otro deja, y sí, aquí me quedo con panas; amigos leales que amo con locura y con quien seguiré pasándola bien y siendo feliz; hasta que se vayan porque ese es el plan que todos tenemos. El que tus amigos se alejen de ti sin que ninguno lo quiera es jodido, un dolor que siempre estará ahí a pesar de que sabes que se alejan para tener bienestar y una mejor vida.

A Carina y a Kaky, aunque dejen a su familia y seres queridos atrás, estoy segura de que encontrarán y lograrán lo que desean; porque así es cómo es en todas partes, como debería ser en un país normal.

A ambas las amo, y créanme con seguridad que nos volveremos a ver algún día.

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Las adora con la vida,

Gen.

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