fbpx
single-image

Cosas que viven los emigrantes, tan cotidianas, que nadie las habla

Es tan normal que, cuando tu familia te llama a preguntar cómo estás, tú ni cuentas estas cosas

En internet podrán encontrar un sinfín de contenidos de «Venezolanos en tal parte», cómo hacer un mercado, comparaciones entre Venezuela y el país que cada quien escogió cómo destino, cómo sobrevivir con la plata y ese montón de cosas que ya están sobre saturando la web, pero, ¿por qué nadie habla de lo que ya como emigrantes, se nos hizo común?

Y es que cachai que la gente cambia po, no por elección, sino por convivencia. ¿Te dai cuenta?

Ahora, fuera de chalequeo, quiero contar las cosas que para mi ya son tan cotidianas que ni siquiera forman parte de mi tema de conversación con familiares y amigos del pueblo.

Aquí vamos.

  • No cantarás la misma canción de cumpleaños: el Ay que noche tan preciosa te parecerá largo y fastidioso, te sentirás culpable un tiempo y luego agradecerás la existencia del cumpleaños feliz normal. Que no en todos los países termina igual, por cierto.
  • Habrá veces que hables y no te van a entender, así hablen el mismo idioma: se quedarán con cara de WTF? y te dirán cosas como «es que ustedes hablan muy raro y no los entiendo», y tú responderás: «amigo, ¿te has dado cuenta de qué eres chileno? Ninguno habla más raro que tú, igual te quiero». (Esto último sólo aplica si vives en Chile).
  • Una cosa es tener un amigo y otra muy distinta es vivir con ese amigo; y pasarán una de dos cosas: o se amarán más o comenzarán a odiarse por ser tan distintos en la convivencia. Es un riesgo inminente al emigrar.
  • Los condimentos no son iguales: el cubito no es igual en Venezuela que en Colombia ni en Chile. En Venezuela sólo hay sabor costilla y pollo. En Chile, por lo menos, hay de carne, costilla (que aún no sé si es de res o cerdo), de pollo, de gallina, de verduras, sin sal, libre de sodio y un montón de cosas más. Ah, y no hay adobo.
  • Hay otras formas de comer perro caliente y también son deliciosas: si te dan un perro sin papas, sin queso y sin salsas, igual te lo vas a comer y te va a encantar.
  • Las piñas, las parchitas y los mangos son exóticos, por ende son frutas costosas: y olvídate de las guayabas, esas no las volverás a ver.
  • El Toddy es distinto al que conocías: no sabe igual al que te tomabas directo de la licuadora allá en tu casa.
  • Tendrás un amigo al que no le guste la arepa: e igualmente le tendrás cariño.
  • Algunos verán el «negrito/a» como un insulto: dependiendo del contexto, tus amigos te defenderán cuando alguien te diga «negro» o se ofenderán si eres tú el que le dice «negro» a ellos.
  • Eventualmente, se te olvidarán palabras coloquiales de tu país por falta de uso: y no tienes porqué sentir culpa alguna.
  • No siempre te responderán los buenos días en el ascensor: tendrás que aprender a vivir con eso.
  • Le dirás «Colgueit» a la «Colgate»: porque ya fue suficiente la pena que pasaste la primera vez que pediste una COL-GATE en la farmacia.
  • La Chinotto se llama Sprite: que es un nombre menos divertido pero ajá.
  • Si vives en Chile, comerás pastelitos sin relleno: le dirás «sopaipilla» y será como que «ay, qué rico».
  • Las «camioneticas» ahora serán camionetas pequeñas y no buses: como la camionetica de uno de toda la vida con su salsa matineé y sus mensajes de Piolín en el parabrisas.
  • Usarás chaqueta en la playa: en ocasiones necesitarás hasta una cobija.
  • Puede que se te olvide tu número de cédula.
  • No te arrullarás con disparos: SERÁ LO MEJOR Y NO LO EXTRAÑARÁS NUNCA EN TU VIDA.

¿Qué otra cosa viven los emigrantes que ya se hizo cotidiano en tu día a día?

 

Sígueme en Instagram.

You may like