Cuando la juventud venezolana comenzó a migrar

Avión

No es más que un hasta luego, no es más que un breve adiós, cuando me den la visa nos reunirá el señor

La lista de panas que toman la decisión de migrar cada vez crece más. Antes, como para los años 1600; por cada 10 amigos cercanos que se iban, llegaban dos del exterior a integrarse al grupo; ahora, esta estadística ha cambiado para que por cada 10, se vayan 11. ¡No lo hagan, yo los amo!

Lamentablemente, la visión de los jóvenes ha cambiado; no hace mucho todos pensaban en graduarse, tener un buen empleo, seguir estudiando e ir creciendo en la profesión que eligieron; ahora las cosas son un poco distintas: comprar dólares, hacer un curso de inglés mientras se está en la universidad. Comprar dólares, graduarse. Comprar dólares, casarse, sacar el cupo de dólares, comprar más dólares e irse. Ya nada queda de la generación «cero matrimonio».

Y es que irse en pareja es más fácil

Se trabaja con un compañero por una misma meta, dos cabezas piensan mejor que una y lo más importante; el cupo Cadivi es doble. Ah, sin mencionar que no estarás solo en otro país; en donde posiblemente ni conozcas a profundidad el idioma y donde es probable llegues a limpiar pisos o servir mesas. Puede que contar con esto último no sea muy agradable para todos; pero por los menos yo prefiero eso antes que la inseguridad y la incertidumbre de lo que pasará. Además, el trabajo dignifica.

Todas las conversaciones son «¿cuándo te vas?, ¿te quieres ir?, ¿tienes planes de irte?», qué triste. Ya el «¿Qué hay pa’ hoy?»; es una pregunta milagrosa que se asoma de vez en cuando (los viernes). Bueno, algo tenemos que hacer mientras estamos aquí.

Extraño a todos los amigos que se han ido; pero aliento y apoyo a todos los que se quieren ir, yo también quiero hacerlo; está en mis planes, a pesar de que mi plan no cuenta con un inicio muy claro y solo estoy logrando desesperarme, quisiera contar con ese apoyo y comodín de una pareja para hacerlo más dinámico; imprimirle ilusión y emocionarme aún más, pero bueno, no todo puede ser perfecto.

Seguiremos luchando por el escape y la pronta reunión; espero que nunca olviden que aunque los kilómetros de distancia sean mayores a la profundidad del lago Baikal, siempre los recordaré y extrañaré; pero espero no esperarlos en la casa que algún día conocieron en nuestro país.

Vámonos todos, vámonos juntos a alcanzar los sueños.

Vámonos demasiado.

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