Cambiar un caucho es cosa de jevas

dogdriving

Que la necesidad tiene cara e’ perro y yo no uso uñas postizas

Vivo en Caracas, pero la mujer que me dio la vida vive en otro estado del país, es una de esas provincias a las que llaman «Ciudades dormitorio», como la amo tanto, me veo en la necesidad de tener que trasladarme todos los fines de semana al sitio que sirve como residencia de mi señora madre para pasar tiempo con ella y ser consentida hasta el infinito. Este fin de semana tenía una particularidad: mi hermana y yo estaríamos con mi mamá.

Como el consentimiento con ambas fue tan grande, mi hermana -que también vive en Caracas-, se sintió indispuesta a regresar a su casa el domingo por la tarde, obviamente, su indisposición se pegó a mi muy activa y trabajadora personalidad, así que nos quedamos y decidimos irnos el lunes en la mañana.

Irse el lunes en la mañana, aunque implicaba un trabajo más difícil porque debíamos despertarnos a las 4:00am, por lo menos contábamos con la seguridad de dormir por el camino y no tener que lidiar con la gente maleducada del ferrocarril, ya que nos íbamos con el novio de mi mamá, que tiene carro y nos podía salvar de pasar roncha.

Llegó el lunes, todas corriendo por la casa para estar listas antes de que llegaran a buscarnos. Finalmente llegó, mi hermana y yo nos tiramos en el asiento trasero del carro y antes de cerrar la puerta, las dos ya estábamos dormidas.

Déjenme dormir

Después de aproximadamente 25 minutos en el camino, el novio de mi mamá fue bajando la velocidad del carro hasta estacionarlo a la orilla de la autopista. -Se me espichó un caucho, dijo, apenas soltó la frase, mi mamá empezó a convocar a todos los santos que conoce, e incluso a los que no, para que nos protegieran de la situación que incluía: noche, carro accidentado y autopista venezolana a la misma vez.

Mi mamá se bajó de carro a rezar, como el caucho que reventó justamente era el trasero del lado en el que yo iba, tuve que interrumpir mi preciado sueño para bajarme y que el señor pudiese levantar en auto con los gatos hidráulicos. Me bajé, y me paré ahí, en medio de la autopista, de madrugada, con frío y sueño. (Drama button).

Mi mamá, en medio de su oración, pretendía ayudar a su pareja, pero, como tenía achaques y miedo, lo único que hacía era alumbrarlo con la linterna, mientras él paría con los gatos y mi hermana hacía barras desde el carro. Como yo tenía más frío que ganas de vivir, pensé en ayudarlo, así podíamos terminar más rápido y yo le daba a mi cuerpo la posibilidad de calentarse un poco. Y así fue, me puse con uno de los gatos por la parte de atrás del carro mientras él me decía lo que tenía que hacer.

Finalmente el carro subió y pudimos sacar las tuercas del rin, pero había una tuerca, una malvada, mal hecha, retorcida, hija de emperatriz y muy oxidada de su madre tuerca que no salía y nos robó todo el tiempo que teníamos disponible. Él lo intentó, yo lo intenté, la golpeamos, la maldijimos, le dijimos hasta el mal de que se iba a morir y la pana nada, no salía. Después de hora y media y casi darnos por vencidos, lo intentamos una vez más y la muy bicha finalmente salió. -¡Gloria al cielo!, dijo mi mamá con una expresión de emoción y felicidad.

Ahora sí, pudimos cambiar el caucho, todo es una ciencia, tiene su método y sentido, aprendí ese día lo que era un rin, no sé nada de mecánica…, tomé nota y agradecí que no tengo ni siquiera una bicicleta con la que pueda pasar tal roncha.

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