Los escalofríos de la quimioterapia III: el final

Final

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Dios santo, ¿es la última de verdad?

Todo pasó muy rápido, un día ella asistió a una consulta de rutina y nuestras vidas cambiaron.

La palabra «cáncer» da miedo, la única forma en la que se puede hablar de eso es cuando citamos a Alfonso León o a Hermes para hablar del destino de una persona nacida entre el 22 de junio y el 21 de julio, pero, en cuanto a salud se refiere, el que dé escalofríos es inevitable.

Después de dos operaciones y dos difíciles procesos de recuperación, seis tratamientos de quimioterapia fueron recetadas en mi hermana, a pesar de ya haber extirpado el tumor maligno de su cuerpo, pero en este caso, era mejor prevenir que lamentar.

Lucha en conjunto 

El que mi hermana mayor hospedara células cancerígenas en su cuerpo fue un duro golpe para todos, pero no la dejamos sola en ningún momento, sí, hubo momentos en que mi mamá y yo teníamos que tragar grueso y hacer de tripas corazón para que el pesar de mi hermana se aligerará, sin embargo, nosotras no estábamos menos preocupadas que ella, ¿cómo le afectaría?, ¿se sentiría bien?, ¿será que le dolerá algo?

La quimio tiene efectos de malestar e incomodidad, en el caso de mi hermana, su reacción afectaba el estómago, la cabeza, la tensión, se hinchaba tal abuelita con problemas de circulación o retención de líquidos y no podía caminar por el dolor en los pies, pero, a pesar de que ella siempre mantuvo la fortaleza y su paso firme, era inevitable no ponerse nervioso cuando el tratamiento hacía sus estragos, ya que no sabíamos como ayudarla para que se sintiese mejor.

Después de haber pasado cinco tratamientos, con una diferencia entre uno y otro de 21 días, llegó el 23 de enero para ponerle fin a esta odisea del cáncer. Ese día Sofía despertó radiante, feliz porque sabía que iba a ser la última vez que sentiría esos malestares, esperanzada por cómo cuidaría su cabello cuando volviera a crecer y segura de que el cáncer había sido totalmente derrotado.

El último día

Su maquillaje era más vistoso que lo habitual, se vistió de colores vivos y cubrió su cabeza con una pashmina multicolor que yo le había dado en navidad, no había salido de la casa y ya estaba loca por llegar, hablaba de qué haría después con todas sus pañoletas, sobre donar el tratamiento que, después de una difícil búsqueda, nos había sobrado, de darle otra función a sus tapabocas, una emoción contagiante que me llenaba de vida.

Llegó al centro oncológico saludando a los nuevos amigos que había hecho allá, a las enfermeras y demás pacientes con los que había coincidido, «¡hoy es la última!», les decía a todos, mientras que las felicitaciones, palabras de esperanza y buena fe, caían como respuesta a la emoción que le embargaba.

Durante esta última quimio, el día se hizo rápido, almorzamos como reinas para celebrar, hablamos de la experiencia que había vivido y de como sería su vida de ahora en adelante; qué lindo era verla reír, no puedo negar que ver su sonrisa, así grandototota, daba un fresquito sabroso en el corazón. A pesar de que ya papá dejará de patrocinar los helados después de cada quimioterapia, estoy feliz de que haya superado el cáncer, porque ahora, más que ser mi hermana mayor, es mi superheroína.

El cáncer no es fácil, pero a quienes hoy emprenden junto a su familia una batalla en su contra, nunca dejen de tener fe, se puede salir victorioso de él, hoy y siempre.

Feliz vida,

Gen-

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