Viaje de reconocimiento: la primera visita a Caracas

Caracas

Es momento de ver a Caracas como un viaje, con unas azulitas para sobrellevar el calor

Después de casi un mes, me vi en la necesidad de ir a Caracas para hacer algunas diligencias; ir a consulta médica y claro, recargar las baterías de familia que ya se me estaban agotando. Después de dos semanas y media de trabajo arduo para poder acumular días libres; tomé un vuelo a Maiquetía el 30 de abril a las 12:45 p.m.

Ansiosa, me levanté esa mañana; aproveché que había agua, lavé mi ropa, desayuné y me bañé; a las 9:30 a.m ya iba camino al aeropuerto, llegué con un par de horas de anticipación y me puse a recorrer cuanta tienda vi; buscando detalles para llevarle a mi familia y amigos.

Dos bolsas de chocolates y un frasco de anchoas después; ya estaba montada en el avión esperando el despegue. En este viaje, a pesar de que me dieron ventanilla, tal como lo pedí; la mujer que me atendió no se le ocurrió mejor idea que ubicarme junto a una de las salidas de emergencia. Caramba, es que parece que las aerolíneas no están a favor de que yo tenga otra percepción de las nubes.

A la 1:30 de la tarde, el avión de Aserca (SBA) ya estaba aterrizando, y el ruido que hacían las turbinas opacaban el que hacía mi estómago, ¡qué hambre!; alguien debería sugerirle a Aserca que haga como Aeropostal y brinde una merienda comestible, no solo un juguito Yukery rendido con hielo. En fin, llegué y me fui rapidísimo al antiguo trabajo a concluir una de las diligencias pendientes; estando entre amigos se me fue la primera bolsa de chocolates.

 Al salir, me fui a beber algo con los pocos amigos que estuvieron disponibles, estaba feliz de haber pasado ese rato con ellos, los extrañaba fuertemente, recordé los momentos lindos que me brindaba Caracas, con ellos comí (finalmente), reí y chismeé hasta que el tiempo empezó a corrernos.

La primera noche que pasé en Caracas fue sensacional, lamentablemente se trató solo de una felicidad efímera.

¡Ver a mi mami!

Soy una niña mimada, sí, al despertar el viernes, me fui directo a ver a mi mamá y a mi hermana en Cúa, qué dicha, sentía que tenía una eternidad sin verlas. Me recibieron entre abrazos y con una de mis comidas favoritas: sopa. Sí, la sopa de mi mamá es brutal, así que déjense de mañas.

Pasé todo el fin de semana con ellas, sucumbida en el calor y la alegría, jugando con Canela, la perra más adorable del mundo y compartiendo con los amigos de la cuadra, visité a una de las tías que vive cerca de mi mamá…, qué loco como estas cosas tan simples pudieron llenarme de tanta felicidad, lo único malo FUE EL DESGRACIADO CALOR ENDEMONIADO HIJO DE LUCIFER QUE HACÍA EN TODA LA REGIÓN METROPOLITANA.

Sobre Caracas 

Pensé que después de tres semanas vería algo nuevo en la ciudad, y lo único nuevo que había era la basura que más gente iba dejando a medida de que transitaba. Increíble es que, en una ciudad que te dé tanta dicha, donde haya tantas cosas por hacer, y a la que la mayoría de los venezolanos planea residenciarse para tener más oportunidades laborales y de estudio, sea tan maltratada por esta misma gente bochornosa que la ensucia y la subestima. Panas, sé que la mayoría quiere irse del país, pero mientras se quedan, ¿qué tal si cuidan un poquito su casa? Se merecen la ola de calor que están viviendo, bitches.

El punto, no vi nada nuevo en la ciudad, la masa sudorosa de personas en el metro a las cinco de la tarde, los motorizados, las colas, los tukis y la paranoia que se siente al llegar a Maiquetía, hicieron que pasara todo el viaje deseando que los días pasaran rápido para regresar a la isla. Deseo con la vida que mi mamá y mi hermana puedan, por lo menos, venirse a vivir a la isla, esto debido a que conservo la esperanza de que seamos colonizados por Holanda y nos convierta en la nueva Aruba y Curazao. ¡NO SOMOS AMENAZA, SOMOS ESPERANZA!

A pesar de todo, de la ciudad y dejando a un lado lo feliz que fui junto a mis seres queridos, el viaje me sirvió para terminar de abrir las pepas de ojos. Regresé despechada, decepcionada pero con más ganas de disfrutar está isla desde Punta Arenas hasta Manzanillo.

Soy feliz, la verdad. Y no quiero dejar de serlo.

Gracias por las birras.

Caracas, me pega pero me ama.

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