Chamo, me debes plata
Me engañé.
Repetí una y mil veces que no significaría nada.
Lo repetí; inconscientemente no lo creí y caí.
Me fui.
Si ya dejé todo atrás, ¿por qué mis pensamientos siguen atormentándome?
Vuelve el engaño.
Aseguro que no quiero ninguna explicación, pero sí la quiero.
El dolor llega cuando noto que no existe el mínimo intento de siquiera preguntar cómo llegué.
Las ideas e inquietudes no me dejan dormir.
Qué bueno que pasó, agradezco esto, no se trata de errores sino de experiencias, y ya sé cómo manejar las situaciones en caso de repetirse.
Vuelve el engaño.
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¿Cómo es que me duele tanto haber vendido 20 dólares?
Así es, todo éste texto absurdo se trató de dinero, mi gran amor. ¿O no?


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