Venezuela esconde talento, es momento de ser turista en mi propio país

Y la gente imbécil que destruye lo que le pertenece

Este 5 de junio cumpliré dos meses en la isla de Margarita. Dos meses en los que, a pesar de que he trabajado como loca, me he divertido como nunca. Esta isla es como un oasis dentro de Venezuela; si te descuidas, olvidas por momentos la situación que atraviesa el país. Margarita es esa zona que tiene el poder de enamorarte con cosas sencillas como un atardecer; mientras te sientes libre al percibir el paso de la brisa, sin embargo, no evita que de momento, te estrelles contra la realidad.

Sentimientos encontrados 

Mi decisión de venirme a la isla fue más bien por un intento desesperado de encontrar libertad, tranquilidad y paz; algo que frente a las condiciones en las que Venezuela se desarrolla actualmente, lo más lógico era buscarlo fuera de estas fronteras; y la verdad es que esa es mi intención, pero como buscaba una solución inmediata, me vine a tratar de encontrar una pizca de estos factores.

Estando en Caracas muy poco sentí conexión con esta, mi patria; y digo patria sin hacer alusión alguna a la que un movimiento político insiste en que yo me regocije. En este caso estoy hablando de amor por mi tierra; un sentimiento que me afloraba de a poquito solo al apreciar mi ciudad desde El Ávila; contrario a Caracas, Nueva Esparta me hace sentir orgullo por Venezuela todos los días, una emoción extraña, me hace sentir la necesidad de cuidarla y recuperarla.

Quizá sea el olor a mar; el amor que tienen los margariteños por su tierra; el azul de sus playas o a lo mejor el canto casi perfecto de una jota margariteña en la voz de un niño, no lo sé; pero puedo decirles que estos casi dos meses me han servido para aumentar mi amor por Venezuela. Aquí hay demasiado talento, hay gente creando, inventando, construyendo de la nada, hay gente que sigue creyendo en este país.

¿Esto es amor?

Aunque pueda parecer chistoso; tuve un episodio parecido a la escena clímax de El Grinch, cuando a éste, de un sopetón le crece el corazón; ¿la recuerdan?

Esto me pasó el viernes 29 de mayo; estaba cubriendo una pauta en la escuela técnica de Juan Griego; un festival de canto tradicional al que asistí con la idea de que a mitad de evento empezaría a aburrirme como lo hice en cada acto cultural al que asistí en Caracas, pero no contaba con que esta vez sería diferente.

Eran niños, estudiantes de los colegios de toda la isla que vestidos con ropa típica del estado, interpretarían jotas y malagueñas a Lucienne Sanabria; una cantautora venezolana que a pesar de haber nacido en Caracas, se siente más margariteña que el pitiguey; y na’ guará, fue increíble escuchar en las voces de estos niñitos, unos temas tan perfectos que en mi vida hubiese pensado; se tratarían de cantos típicos del oriente de MI propio país.

¿En qué momento pasó todo esto?, ¿cuando dejé de sentir interés por las costumbres de mi tierra y empecé a interesarme por las de otros países? ¿En qué momento dejé de considerar a Venezuela como lugar para vivir? A pesar de que todas estas preguntas tienen sus respectivas respuestas, a pesar de que en Margarita la escasez es mucho peor que en la capital y que la inseguridad de tierra firme se aproxima cada vez más a los puertos, no siento ni una gota de arrepentimiento por haberme trasladado a esta región, ya que me permitió notar que Venezuela está hecha de mucho más que malandros, y que dichos malandros, NO TIENEN EL DERECHO A DESTRUIR TODO LO ESTA TIERRA POSEE DE FORMA NATURAL.

Y espero que esto sirva para hacernos reflexionar un poco como venezolanos, y que coño (disculpen la mala palabra), nos atrevamos a luchar por lo que tenemos. La mayoría de nuestra gente buena se ha ido a buscar en otros países lo que aquí una cuerda de pelagatos corruptos nos quieren quitar y, ¿en manos de quién van a quedar nuestros recursos naturales? Con una piedra en los dientes deberíamos darnos por todo lo que tenemos, ya quisiera Chile tener un terreno tan estable como este (aunque tiemble casi a diario), y por favor, ¿que no daría Bolivia por tener aunque fuera, una costa como playa Pantaleta?

Recientemente estuve en Playa El Agua, una zona recordada por muchos como una de las más bonitas de todo el estado Nueva Esparta, lamentablemente, esto no es ni la sombra de lo que anteriormente fue, ahora se trata de una playa casi desierta llena de escombros, esto debido a que los locales comerciales que ahí estaban fueron demolidos y los restos se quedaron ahí, como esperando que un poder sobrenatural los recogiese. Ya la gente no se atreve a ir sola a esta playa y los turistas pasan de largo.

Amigos, desde aquí, los invito a aportar su grano de arena en la reconstrucción de este, nuestro país, y aunque el gobierno lo haya hecho un caos y la inseguridad nos aceche, no creo que los malos superen en cantidad a los verdaderos y buenos venezolanos.

Ya me cansé de despedir a mis amigos, de citarlos para hablar por Skype, vamos a luchar por lo que tenemos, ¿sí?

Los quiero, paisanos, quiero mi tierra y quiero que recupere la belleza que anteriormente nos representó. Mientras tanto, seguiré dándole espacio en los medios a nuestro talento y paisajes.

Respuesta

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    Completamente de acuerdo con lo que dices y me alegro mucho que hayas cambiado tu opinión al respecto, es que el amor a la patria se siente en la sangre y no por un slogan político, y tienes mucha razón al decir que los buenos superan a los malos y estoy segura que en cualquier momento nuestro bravo pueblo hará honor a su nombre. Viva Venezuela, Dios está con nosotros.

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