Despiértame cuando pase el temblor

Temblor

Poco a poco me voy asustando menos con los temblores en esta hueá

Creo que todo extranjero que llega a Chile considera como una celebridad a Marcelo Lagos.

Les cuento: Marcelo Lagos es un reconocido Geógrafo chileno que sale frecuentemente en la televisión hablando de la fulana falla de San Ramón y de desastres naturales. Es como una celebridad pavosa, pero por lo menos yo, cada vez que hago zapping y lo pillo en un canal, me quedo viéndolo mientras planeo cuánto lloraré al verme frente a uno de esos fenómenos de los que él habla.

Y es que, el principal patrimonio chileno no es Don Francisco, sino los temblores, ocasionados por la dichosa falla antes mencionada (googléenlo que no les voy a contar de qué trata esto). Ese es cómo el principal temor de todos los que se vienen para éste fragmento del fin del mundo. Recuerdo que yo, antes de llegar, aseguraba que a mi ningún temblor me iba a intimidar. ¡NINGÚN TEMBLOR ME IBA A INTIMIDAR!

Claro, el único que había vivido fue en el 2009, un triste temblor de 5.4, un movimiento ‘tierno’ frente a lo que están acostumbrados los chilenos. Después de vivir mi primer temblor en Santiago, mi vida cambió.

Era 4 de noviembre de 2016, aproximadamente a la 1:30 p.m. El calor del verano que se acercaba era insoportable, yo aproveché de que estaba sola en el apartamento donde vivía en ese entonces, para quitarme la ropa y poder disipar ese fuego corporal. Estaba almorzando, un rico pollo con arroz blanco y ensalada. La cocina del departamento era tipo americana, de esas que tienen un mesón y dos bancos altos para sentarse. Y ahí estaba yo, solita, comiendo en la residencia de mi amigo ubicada en el piso 22 del edificio.

De repente el pollo empezó a moverse, no le presté mucha atención, bromeé diciendo para mi: éste pollo como que está muy fresco y sigue vivo, no habían pasado dos segundos cuando las cosas que habían sobre la cocina comenzaron a agitarse, la ventana del balcón sonaba como si se iba a desprender y al levantarme de la silla y sentir el suelo moviéndose caí en cuenta de lo que se trataba.

¡Virgen santísima, está temblando!

Mi primera reacción fue salir rápido a abrir la puerta y correr por esos 22 pisos pa’ abajo, pero al abrirla recordé que estaba sin ropa y me regresé. Traté de conservar la calma, me di ánimo y me auto tranquilicé. El movimiento era fuerte, casi no se podía estar de pie; a esa altura como que se siente más fuerte, fueron los 30 segundos más largos de mi vida.

En medio del temblor le escribí a Nicolás, el único chileno que conocía en ese momento.

-Nicolás, ¡está temblando!

Tranquila, es muy suave, ya va a pasar.

-No, no ha pasado. Dije, reprochando su descaro.

-Relájate, que ya pasó. Ponte a ver tele, lee un libro y tómate un té, me dijo.

El temblor en ese momento ya había pasado, pero mis piernas registraban uno de aproximadamente 9.5 en escala de Ritcher. Sí, estaba soberanamente asustada.

Al caer en cuenta de que había pasado el temblor, me vestí y me olvidé totalmente de la comida, que sensación tan terrible, quería correr por mi vida, pero nadie salió de su casa, para todos fue como: «ah, parece que tembló».

Mi reacción ante la actitud de los chilenos no fue más que: Pokerface.jpg

Ese fue el que más me ha marcado, porque el fue el primero, y ya porque a esta altura perdí la cuenta de cuántos he vivido.

Sin embargo, hay otro que no olvidaré: el temblor y las réplicas del terremoto de Valparaíso del 24 de abril de 2017.

Ese terremoto tuvo una magnitud de 6.9. No tengo claro si en Santiago se sintió en igual escala, pero yo sentí eso como de 9. Ese día, Nicolás había ido a buscarme al trabajo y esperábamos para cruzar la calle en la avenida Providencia, una de las más transitadas de Santiago.  Estábamos ahí, esperando que cambiara la luz peatonal a verde para seguir el camino a casa. En eso, sentí un movimiento; apreté la mano de Nicolás muy fuerte y le dije de una forma muy tranquila:

-Nicolás, está temblando. 

Amor, no está temblando. Son los autos que hacen que sientas esas vibraciones en la avenida, contestó él.

No, no son vibraciones. Está temblando, dije ya alterada.

De repente, el semáforo empezó a moverse como si lo estuvieran exorcizando. La avenida se movía de arriba a abajo y de un lado al otro, una muchacha abrazó a ese mismo semáforo que se movía como en plena sesión de twerking. Yo -inmóvil- sujeté aún más fuerte la mano de Nicolás.

Nicolás no tuvo otra reacción que gritar: ¡CONCHETUMARE, ESTÁ TEMBLANDO! 

-Ah, ¿ahora sí me crees?, le dije.

Pasó el temblor y seguimos caminando como si nada hubiese pasado, claramente mis piernas -como siempre- siguieron temblando un rato más. Después de un temblor a uno le queda la sensación como de que todo se mueve; seguía un poco nerviosa y Nicolás me tranquilizaba.

Hablábamos del temblor y de que me tenía que calmar, en eso, una señora chilena le preguntó a Nicolás:

-Oye, ¿es verdad que tembló?

Sí, recién. Yo cacho que fue como de 6.9 o 7, más o menos, le contestó él.

¿En serio? Yo no caché nada. Te pregunto porque veo a la gente como alterada, dijo ella sin preocupación.

Señora, usted me tiene que estar jodiendo, concluí en mi mente.

Pero así son. Incluso, la magnitud que estimaba Nicolás fue la real. En efecto el temblor había sido de 6.9 en escala de Ritcher. Lo peor llegó dos días después con sus réplicas: una seguidilla de aproximadamente 11 temblores en menos de una hora, ese fue mi examen final en supervivencia telúrica.

Esa seguidilla la pasé toda en la oficina, con los primeros tres sí me paré de la silla para salir y correr, mientras mis compañeros me veían como una mascota asustada. Ya con los siguientes, mi actitud fue otra: quedarme quieta viendo el techo y las paredes a ver si algo se caía, nada pasó así que seguí ahí, asustada pero pendiente.

Con el más reciente temblor vivido (11 de junio de 2017), confirmé que aunque no estoy inmune a los nervios, tengo mayor control sobre ellos, quizá el contexto también ayudó.

Era domingo a las 10:50 p.m., hacían unos helados y estaban dando la final de Master Chef Chile, yo estaba envuelta bajo cinco cobijas, dos pares de medias, un mono, guantes y un suéter con capucha cuando empezó a temblar; las cosas se movían fuertemente. Pensé en pararme y salir huyendo de la casa donde vivo actualmente, o por lo menos ir al patio a evitar que me cayera  el techo encima, pero hacía mucho frío, quería ver mi programa y ninguna de las personas que ahí viven se molestaron en siquiera notificar la presencia del temblor, así que, me persigné, pedí a Dios que se hiciera su voluntad y seguí viendo mi programa.

Por cierto, feliz y complacida con que haya ganado Faryd, fue mi favorito desde siempre.

 

Respuesta

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    JAJAJAJAJAJA, una muy divertida forma de contar como son los temblores en Chile. Créeme que me reí demasiado, pero otra cosa por lo que se ve es vivirlo.

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