Carta a los 30 años

30 años

Queridos 30 años:

Estás cada vez más cerca y aún me cuesta acostumbrarme a la idea.

Sin embargo, me he estado preparando para recibirte como lo esperas: con independencia, amor propio y estabilidad física, mental y económica. No estoy muy segura de haber logrado 100% la independencia, o sea, si me has estado supervisando durante los últimos años, sabes bien que soy una persona solitaria, pero me sigo sintiendo dependiente emocionalmente hacia mi mamá y lamentablemente, hacia mi esposo. ¿Por qué? Pues, lo mismo quisiera saber yo, pero no te preocupes que ya estoy trabajando en eso. Apenas tenga la respuesta, te la enviaré en un anexo a esta carta.

Lo sé, seguro estás leyendo esto y estarás pensando que soy una decepción, te preguntarás: «bueno, ¿y esta es la misma pana que se jacta de su independencia en las reuniones con sus amigos?» Así es la vida, my dear, pero al menos estoy segura de que no soy la única que te ha dado una sorpresa de este tipo.

Uff, se sintió liberador contártelo antes de que llegaras y te encontraras con esta joyita.

Sobre el amor propio, debo decirte que es un tema que va viento en popa. Pensé que la idea del «amor propio» era una falacia; una fantasía inventada por los psicólogos y explotada por los influencers para obtener más clientes, pero he descubierto su verdadero sentido. Ahora que lo entiendo, hasta podría explicarte de qué se trata, aunque sé que tú lo dominas bastante bien, me queda claro que es así cada vez que escucho la frase «los 30 son los nuevos 20«. Gracias por darme el ejemplo de autoestima, incluso aún sin conocerte.

Y espero realmente que esa frase te la tomes en serio, porque mira que hace unos años atrás yo era de las que pensaba que a los 30 ya la gente era «vieja«, que era la edad en la que ya tenías hijos, carro, casa y departamento en la playa; aún es difícil asumir que llegaré al tercer piso sin nada de lo anterior y todavía quedándome sorprendida de lo rápido que crecen mis primitos.

Pasando al tema de la estabilidad física, mira, la verdad la verdad, lo único estable en mi físico es un dolor en la rodilla que me ha pegado sin compasión desde hace un tiempo para acá. ¡Ah!, la espalda también se sumó a ese plan, de hecho ni siquiera me deja agacharme a limpiar la tina, pensé que esto pasaba después de los 30, no antes. Así que ahí tenemos una conversación pendiente tú y yo, ¿eh?

¿Estabilidad mental?, bueno, ya no tengo ideas suicidas como antes, hago menos chistes sobre la muerte y los bajones han reducido su periodicidad de visita, así que, fuera del síndrome del impostor que aún no sé cómo terminar de destruir, todo va marchando bien. Sigo en terapia, me ha servido mucho, esto seguirá fluyendo en cada sesión, te pido que no te preocupes que estoy lista para convivir en paz contigo.

Ahora, sobre la estabilidad económica…, si no quieres que vuelvan los pensamientos suicidas, mejor no hablemos de ese tema. Jajajaja no, mentira; ya ves que los chiste sobre la muerte no han desaparecido del todo. Sé que esto del money money es temporal; o al menos eso espero. Estoy consciente de que, aunque no esté en la situación que esperaba a los 30 años, estoy muy bien para ser una veneca inmigrante. Además; todo estará bien siempre que no me convierta en mi propio jefe.

Y pues, acá estoy, lista para recibirte. Por favor; se bueno y déjame seguir pareciendo de 29 durante un par de años más.

¡Y dile al dolor de la rodilla que me deje en paz!

Con cariño,

Gen

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