Los escalofríos de la quimioterapia

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Lecciones de vida intravenosas

Actualmente, mi familia y yo estamos atravesando por un proceso difícil: las quimioterapias.

El que un familiar o yo padeciera cáncer, siempre había sido una posibilidad casi inexistente para mi, no le prestaba atención a ese peligro, ya que en la familia era nulo el total de personas que habrían padecido esta enfermedad. Cuando digo «nulo» me refiero a nadie, nadie nunca jamás, solo un tío lejano que se recuperó y una tía que tenía un lunar cancerígeno en la cara y que se le fue removido con éxito y sin mayor complicación en una cirugía ambulatoria.

A pesar de esto, de no conocer nunca esta enfermedad por experiencia propia, sí sabía de su carácter, lo que significaba para el paciente y para su familia, estaba consciente de los millones de casos de cáncer que existen en el mundo y que nadie estaba exento a padecerlo, conocía su tratamiento, sus cuidados, pero era un conocimiento que había adquirido tanto por lo aprendido en el colegio, como por los trabajos especiales para medios que me han tocado hacer sobre él.

El primer encuentro

Después de tener una vida relativamente normal, las células cancerígenas fueron detectadas en mi hermana, siendo este el primer y muy impactante encuentro con la enfermedad.

Después de varias intervenciones quirúrgicas, lo inevitable pasó: iniciaría el tratamiento de quimios. Tal era la poca información que yo guardaba respecto al cáncer que ni sabía en qué consistía la quimioterapia, no conocía sus efectos más allá de la pérdida de cabello y disminución de las defensas, y así fue como esta señora llegó a nuestras vidas, para ponernos tensas a mi mamá, a mi hermana y a mi, a la vez de que nos hacía más fuertes y, en mi caso, aumentar la dosis de esperanza y fe que llevaba dentro.

Terapia de optimismo

A partir de la segunda terapia me convertí en la acompañante de mi hermana, ya que en el trabajo me otorgaron un permiso especial para asistir a las quimioterapias. La primera vez que entré a la sala de tratamiento me impresioné de lo bonita que era, un salón elegante, con una gran entrada de luz natural y con una increíble vista al Ávila, en esta sala se atiende un promedio de 12 pacientes entre cómodos sillones y cubículos, siendo estos últimos los disponibles para los casos más especiales, mientras en otra salita más pequeña, que puede considerarse de «espera», atienden a pacientes con la intención de ganar tiempo.

Debido al carácter de los fármacos, el tratamiento intravenoso es lento, las primeras dos tuvieron una duración entre seis horas y seis horas y media, y a pesar de tener que estar tanto tiempo dentro de la sala de terapia, la estadía no se hace tediosa, esto gracias a que las enfermeras son muy amables y atentas, sin mencionar la energía positiva y optimismo que se respira en el lugar, una vibra dada por los mismo pacientes, quienes ríen, juegan, se fotografían e inician nuevas amistades en el recinto.

Los pacientes de quimioterapia crean lazos afectivos, son como una comunidad que entiende por lo que se pasa y se dan ánimos entre sí, recomendaciones para sentirse bien y datos para disimular la pérdida de cabello, personas encantadoras que se han crecido frente a las dificultades.

A pesar de que algunos pacientes requieren un tratamiento más fuerte, uno que debe ser suministrado por el pecho y cuyo líquido es rojo, conocido por ellos mismos como «la frescolita«, mantienen siempre una sonrisa esperanzadora y mantienen los chistes. Haber conocido una sala de quimioterapias ha sido lo mejor que me ha podido pasar, se aprende mucho de la actitud de los pacientes y creces como persona, factor que agradeces luego de haber pasado por el temor y tensión que el cáncer trae consigo.

Dificultades perennes 

Luego de salir de la sala de quimioterapia, donde sientes que tu familiar está seguro y tranquilo, llegan los efectos del tratamiento: malestares, mareos, bajas de tensión, debilidad y baja o subida de azúcar, efectos propios de la quimio, pero que no siempre se sabe cómo atacar para dar un poco de mejoría. Ver a mi hermana débil y sin poder hacer nada para que se sienta mejor me pone el corazón chiquitito, el momento en el que te sientes más inútil y descarado, lo que nos reconforta es saber que estos serán efectos temporales de una lucha que ya tenemos ganada.

Respuestas

  1. Avatar de Luz.

    Lo ame hasta el infinito. Felicidad a esas tres guerreras que tengo el placer de conocer. Love u forever Gen. ❤

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    1. Avatar de Geniina

      Te amamos, Luzquita. ❤

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  2. Avatar de Los escalofríos de la quimioterapia III: el final

    […] que mi hermana mayor hospedara células cancerígenas en su cuerpo fue un duro golpe para todos; pero no la dejamos sola en ningún momento. Sí, hubo momentos en que mi mamá y yo teníamos que […]

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