Una vez alguien dijo: «en el mar, la vida es más sabrosa», ¡Y TENÍA RAZÓN!
Quiero aclarar que, aunque vean mis redes llenas de fotos de playa y eso, no significa que esté en un día de tomar sol por puro placer; la verdad es que estoy trabajando, así como pasó con Cubagua y Coche.
Gracias a unas pautas ecológicas que salieron; el sábado de una semana a Cubagua y el domingo de la semana siguiente a Coche; organizadas por compañías en competencia, me tocó viajar a estas islitas maravillosas, en catamarán, porque las empresas que organizaron estas jornadas de limpieza en estas costas, se dedican al área turística.
Los catamaranes eran algo nuevo para mi, había oído hablar de ellos, pero jamás en la vida había visto uno, hasta que llegó el día de irme a Cubagua.
Cubagua, maravillosa isla casi desierta

Perdonen mi lenguaje coloquial, siento que debo ser yo, por lo menos en alguno de mis escritos. Aclarado este punto, continuemos.
Como actividad de responsabilidad social empresarial; una empresa turística de Margarita, planificó una jornada de limpieza en la isla de Cubagua, donde dejaron ir gratis a 160 voluntarios a cambio de que recogieran los desechos sólidos que reposaban en la isla; obviamente, frente a esta eventualidad, era necesario que un periodista cubriera el evento. No se diga más, yo misma soy.
Y así fue, Tanya y yo (Tanya es mi fotógrafa y mamá postiza); nos fuimos hasta el puerto de Punta de Piedras para ser testigos y dejar registro de lo que pasaría ese día en el municipio Tubores del estado Nueva Esparta. Al llegar al puerto vi que un grupo de personas estaba esperándonos sobre una plataforma que flotaba en el mar; una plataforma sí, como una balsa con banquitos para sentarse, recuerdo que estaba anclada junto a un ferry, que parecía Godzilla al lado de ella.
Nos montamos, nos sentamos en uno de sus muritos y emprendimos camino hasta Cubagua, yo iba alucinando; parecía una chiquilla viendo por la borda el mar, las algas y todas esas cosas que se ven cuando uno está navegando; mientras que, a mi espalda, había un grupo de tambores tocando y gente bailando eufórica, una locura total. Después de 45 minutos, finalmente llegamos.
Cubagua es prácticamente una isla desierta; son 25 km2, solo tiene tres muelles, y como 10 casitas, que son ranchitos de los pescadores que salen de ahí; de resto, ruinas de una historia. Caminando por la orilla se puede notar el cambio en el color de la arena; primero es como beige, luego pasa a ser gris y finalmente, color arena convencional, incluso hay un lugar en el que se ve como se unen las dos playas, es como magia. Este es el mejor lugar para ir si lo que se quiere es desconectarse totalmente de la realidad.
En Cubagua, la empresa ofreció almuerzo, hidratación y actividades recreativas para los voluntarios; las instalaciones del campamento que esta empresa tiene en esta isla, también estuvo a disposición de esas 160 almas que se fueron a recolectar desechos.
¿No les parece genial eso de dejar que la gente haga este tipo de viajes a cambio de recoger basura? Yo la considero una idea genial; es buena para el ambiente y para la gente.
De regreso: un juego, lo divertido del catamarán es ir en sentido contrario a las olas; es toda una aventura, la plataforma se mueve de un lado a otro, incluso estuve a punto de salir volada por uno de los costados y no puedes evitar empaparte, los chaparrones de agua salada te caen encima cada vez que el catamarán choca con una ola fuerte, en este tipo de embarcación, no tienes opción, la única forma de no mojarte es, o yendo con el capitán o resguardándote hacia el centro de la navecita. Sabroso cuando te ofrecen guarapita.
Coche y el catamarán de dos pisos

Por donde empezar, la isla de Coche es bella por tres lados (Playa La Punta no me gustó mucho, en realidad nada), la arena parece harina, el agua es más azul que los ojos de un niño albino, y caramba, no sé que más decir, ¡es bella! Para esta isla, también fui a cubrir una jornada ecológica, esta vez nos trasladamos en un catamarán de dos pisos, donde, la planta baja tenía como dos ambientes: el sitio donde te empapas cuando vienes de regreso y un área VIP donde hay bar, pantalla plana y aire acondisoplado.
Arriba es para los rumberos, hay un tubo de estos de pole dance, miniteca, bar, banderines, en resumen, está ambientado como para fiesta. De ida a Coche, fui en la planta alta, bailando y pasándola bomba en alta mar, de regreso, obviamente, fui a divertirme con el «empapamiento» del golpe de las olas. ¡Fantástico!
Coche tiene mil y un actividades para hacer: carro a vela, snorkel, paseo en banana y dona, vueltas en moto de agua (que por cierto, el alquiler por 30 minutos cuesta 6.000bs, no me monté obviamente por no ser lo suficientemente #BendecidaYAfortunada), kite surf, karting, y moto de todo terreno, una isla maravillosa para la gente de cómoda cartera que desea pasar sus vacaciones tipo tranquilo.
Coche me enamoró, y eso que no pude salir de la bahía de La Punta, según entendido, hay una playa que se llama «Playa El Amor», y cuyo encanto es famoso porque entran dos y salen tres. Este paseo lo dejaré para una próxima oportunidad.
¿Qué cual de las tres islas me quedo? Pues, con el estado Nueva Esparta entero, gracias a este territorio, Venezuela logró llegarme como nueva religión.
Respecto a los catamaranes, me quedo con Raquel y todo aquel que me moje cuando venga de regreso. Fuera de chinazo.
Valentina Quintero tenía razón.
Abrazos.

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