Tarda en llegar (el pasaporte), y al final, al final, hay recompensa
Caramba, no había publicado nada en el blog desde el 2015.
Pero, ¿y es que quién va a tener tiempo de hacer algo cuando se divide entre tres empleos y una vida playera que mantener? Bueno, ya no son tres empleos, ahora son solo dos; pero igual, mi vida se mantiene consumida en un remix infinito del coro de la canción de Rihanna: work work work work work.
Update
Pero vamos a lo emocionante del tema: el bien que me ha hecho Margarita. Como ya les conté en una oportunidad; el 5 de abril del año pasado me vine a vivir a esta isla maravillosa; en donde, aparte de pasar momentos difíciles, problemas y situaciones bastante lamentables; también he sido feliz, plena (y como en libro de autoayuda) he aprendido a superar mis inseguridades.
Inseguridades que llevaba cargando desde niña y de las cuales pensé que nunca me iba a deshacer. Ya ven porque amo tanto a Margarita.
Ahora bien, el año pasado cuando me vine, decidiendo dejar mi casa, mi familia, mi trabajo y amigos, sin tener nada acá, lo hice por aventura, porque a pesar de que vivo en un país donde la situación cada día te abruma y te pisotea los sueños, yo seguía con la idea metida entre ceja y ceja de independizarme y vivir como realmente lo debía hacer una muchacha de mi edad. Recogí mis peroles y le dije a mi mamá: mami, tranquila que esto va a ser un prepédeutico de cuando logre irme del país. Mi mamá no tuvo otra respuesta que abrazarme, apoyarme en mi decisión y echarme la bendición.
El lugar soñado
Llegué a Margarita feliz, a pesar de que los primeros meses estaba realmente sobre saturada de trabajo, seguía tranquila porque había logrado «la independencia». Para resumir, después se vivieron épocas de ronchas, preocupaciones y estrés, pero seguí adelante y logré estabilizarme, ahora más fuerte y decidida.
Cerré el 2015 viviendo en un lugar parecido a lo que siempre soñé y con dos empleos que, a pesar de consumirme casi todo el tiempo, me daban muchas satisfacciones, estos son los mismos que dejaré el 31 de marzo de 2016. Tal como la declaración de impuestos.
Después de estar un tiempo en La Mega 91.9 FM, me dediqué de lleno a Reporte Confidencial (donde trabajo desde julio 2015) y Verde Caribe (octubre 2015), desempeñándome como periodista y cocinera respectivamente. En ambos lugares aprendí cosas increíbles y me divertí como nunca. Claramente en ocasiones me desesperaba por problemas enormes, que por momentos llegaron a asustarme, pero Margaret me dio la fuerza para olvidar rápido y seguir en pie de lucha, esto con tan solo visitar el mar.
Y es así como, tras lágrimas de melancolía, ataques de ansiedad por no ver a mi familia, desesperación por creer que no había solución a tantos problemas pero, siempre con cargas infinitas de energía en las playas de Margarita, Coche y Cubagua, justo al año de cumplir un año en esta tierra maravillosa, regresaré a Caracas. Sí, volveré en abril.
Ansiedad
Tengo 10 meses sin pisar Caracas, y tengo un terror terrible de hacerlo, siento que me relajé tanto (pero no a cabalidad) en la isla, que estoy abrumada con la idea de reencontrarme con la agresividad de la ciudad que me vio nacer. Pero, debo hacerlo. La primera semana de abril regresaré a Caracas, de visita pero sin volver a el calor de Margaret. Voy a Caracas a pasar tiempo con mi familia porque a partir del 26 de abril emprenderé una nueva «aventura» en Bogotá, Colombia.
Wow, qué fuerte, pasar de la delicia tropicaliente de una isla del Caribe al helaje inclemente de una metrópolis andina. Debo aprovechar los días de sol que me quedan en Margarita para llegar con una cuota de bronceado suficiente para desbordar sabor en Bogotá.
Ya tengo listo el pasaporte, así que aquí voy Bogotá, en medio de la situación más difícil que ha atravesado Venezuela, con el dólar en más de un millón de bolívares (eso es un millón de bolívares, por favor), la crisis sanitaria más grande en la historia, con fallas indescriptibles en los servicios básicos y ocupando las primeras posiciones en las listas de los países más violentos del mundo, sin embargo esto último ha sido un punto que ha ido aumentando de forma continua y ya no sorprende.
Aquí vamos Caracas.
Aquí voy, Bogotá.

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