El vallenato ha sido el menor de los problemas
¡Hola! La última vez que escribí lo hice desde uno de mis empleos en Margarita, así que vale decir que fue hace muuuuuucho tiempo.
Bueno, como ya sabrán, llegué a Colombia, a Bogotá para ser exactos. El viaje fue una total locura, hubo un momento que me sentí como en «Robinson: la gran aventura», es que, imaginen este cuadro:
Mi vuelo a Bogotá partía desde la isla de Margarita haciendo escala en Valencia, sin embargo, yo estaba en Caracas porque quería pasar tiempo con mi familia y amigos antes de irme, el estar en mi ciudad natal propició que yo tomara tres aviones en dos días, porque el vuelo a Margarita tenía fecha 25 de abril y el viaje a Bogotá sería el día siguiente. Obviamente, cuando llegué a Margarita, no llegué a la residencia donde vivía, porque claramente, tuve que regresar la habitación, sin embargo, una amiga no tuvo problema en buscarme al aeropuerto de El Yaque y darme alojo en su casa.
Hubo un pequeño inconveniente al hacer el viaje a Margarita y es que, la maleta que llevaba perdió una rueda y en el aeropuerto le rompieron el manubrio, normal, me tocaba cargar con esa maleta al hombro hasta llegar a Bogotá. En fin, llegué con una maleta en coma a Margarita y pasé unas pocas horas disfrutando del calor y el aroma de mi isla amada.
Esa amiga que me recibió me había pedido el favor de traerle a Bogotá a los perritos de su hijo, dos schnauzers sal y pimienta adorables, era una pareja: Kamila y Sebas. Yo acepté tomar a los perros como mis compañeros de viaje.
Así fue, mi amiga, los perros y yo llegamos al Aeropuerto Internacional del Caribe Santiago Mariño a eso de las dos de la mañana, porque el vuelo para Valencia era a las 6:00 a.m. y el boleto especificaba que debía estar cuatro horas antes en el sitio para hacer check-in. Cuando llegamos, nos había nadie en el aeropuerto, ni siquiera el espíritu de Santiago Mariño, tuvimos que esperar como hasta las 3:30 a.m. que empezara a llegar la gente de Avior.
Cuando finalmente llegaron, que inició el proceso de check-in de los pasajeros, ya los perritos habían pasado su ataque de ansiedad, yo también, pero después me dio ansiedad con sueño y fue lo peor del día. Yo estaba exactamente con la ropa sudada del día anterior, sin peinarme ni maquillarme, y es que no me iba a poner a sacar las cosas de la maleta rota y plastificada solo para cambiarme de ropa y arreglarme; los que me conocen saben que yo nací para maquillarme, así que se imaginarán lo frustrante que fue para mi el pensar en llegar a otro país como la propia pordiosera.
En fin, la gente de Avior nos comentó que el vuelo a Valencia ya no saldría a las 6:00 a.m. porque solo había un avión y ese mismo debía ir primero a Barcelona, regresar a Margarita y luego salir a Valencia. Cuando me enteré de esto, mi actitud de doña paranoica resurgió desde mi interior y exclamé: ¡¿Y SI YO PIERDO MI VUELO A BOGOTÁ?! ¡ME VAN A TENER QUE DISPARAR CON UNA RESORTERA HASTA VALENCIA, ME HACEN EL FAVOR!, y es que claro, yo solo pensaba en que si llegaba tarde a Valencia, el avión me iba a dejar. Pues, tanto fue el terror que demostré que la aerolínea decidió enviarnos a todos los pasajeros que teníamos conexión en Valencia en un vuelo de Láser. Acá la primera locura del viaje: Láser no tenía la misma política de Avior para el traslado de los perros… Después de prácticamente un disturbio encendido por mi amiga y por mi, la aerolínea aceptó llevar a los perros bajo las condiciones de Avior.
Llegué a Valencia finalmente, los perros también. Al bajarme del avión había una muchacha de Avior esperándome con los perritos para llevarme hasta el aeropuerto internacional, qué bueno que mi paranoia de perder el vuelo sirvió para que la gente de Avior me tratara bien. Y así hizo, fueron muy atentos conmigo y los perros. Llegamos justo a tiempo al aeropuerto internacional, tanto así que me tuvieron que pasar directo por Migración, a revisarme las valijas a ver si llevaba armas, drogas o queso, no sé qué es lo que pasa con el queso, pero los Guardias Nacionales me hacían mucho énfasis en que confesara si llevaba queso; a un muchacho no lo dejaron pasar con su salchichón, así que me imagino que el narcotráfico charcutero está de moda.
¿Se imaginan? ¿Qué un GN no los deje pasar porque llevan una arepa de jamón y queso? Bueno, quién sabe porqué tanto stress con la charcutería.
¡Hola Colombia!
El vuelo desde Valencia a Bogotá duró aproximadamente hora y media, la ciudad se ve hermosa desde arriba y la pista parece un jardín, hay mucho verde alrededor; encendí el teléfono para ver la hora y eran las 11:30 a.m., no obstante, mi magia visual hizo que en menos de un segundo cambiara el reloj de 11:30 a 11:00. (Basta, no es que el teléfono sea inteligente y haya cambiado el huso horario de forma automática, es que yo soy una bruja con el poder de retroceder el tiempo).
Bajé del avión y todo era otro mundo, era increíble, la modernidad se apreciaba hasta en el piso, era una cuestión bastante futurista, y yo no encajaba muy bien, porque tooodos andaban muy bien vestidos, arreglados, con maletas intactas y yo era como la hermana pobre de una estrella pop: sin peinar, pálida, con la ropa del día anterior y con un equipaje de mano roto, sí, todas mis maletas estaban rotas, ellas eran un reflejo de la situación en Venezuela.
No importa, yo tomé mi actitud de diva recién bajada de una tarima y seguí hasta migración, donde me preguntaron qué había venido a hacer a Colombia, donde me iba a quedar y cuánto tiempo, no podía contestar que había venido huyendo de Maduro y los malandros, así que dije que venía de visita por un mes, a llenar de sabor a esta ciudad tan fría. Sellaron mi pasaporte y me invitaron a continuar el recorrido.
La siguiente estación era recoger mi maleta y a los perros, fui por ellos. Las correas de equipaje eran toda una cuestión sacada de Los Supersónicos, todo lindo, todo bello, se me notaba lo sorprendida que estaba con estupideces como esa, vi girar las maletas, vi como la gente recogía y se llevaba su equipaje, vi como la correa se quedó vacía y yo seguía ahí esperando mi maleta verde lima de lunares negros que traía MI VIDA (sí, mi título universitario estaba ahí).
Respiré profundo y pensé: seguramente es que va a salir otra tanda de maletas, no te desesperes Gen, ella va a salir. ¡Sorpresa!, apagaron la correa y la maleta nunca salió. ¿Ustedes han sentido la paranoia recorrer su cuerpo? Es algo muy parecido a vomitar y desmayarse.
Corrí hasta un técnico de Avior:
-«Hola, disculpa, ¿ya salió todo el equipaje que venía en el vuelo de Valencia?»
-«Sí, ¿su merced tiene algún inconveniente?»
-«¡Pues sí! Llegué yo pero no mi maleta».
-«¿Ya revisó en el portal de ‘Equipaje de grandes dimensiones’, quizá está allá».
-«Ok, gracias, iré a ver», le dije mientras corría al fulano portal. Y sí, ahí estaban los perros, pero no la maleta.
Regresé al punto de partida:
-«Mira, no está mi maleta».
-«Disculpe su merced, ya le daré información sobre eso».
El muchacho se dirigió a una puerta y ahí habló con una mujer.
-«Doña Mildred, la señorita me acaba de indicar que su valija no salió por la correa».
-«¿Ella es Génesis?», le preguntó ella al muchacho.
-«Disculpe su merced, ¿cuál es su nombre?», me dice el chico.
-«Pues Génesis. Génesis Delgado».
-«Doña Génesis, su maleta no viajó a Bogotá. Me comunicaron desde allá que le diera la información al llegar», me dijo la señora.
-«Jajajaja, ¿cómo que mi maleta no viajó? ¿Entonces qué? ¿Me regreso a buscarla, me pongo a llorar o qué cosa?», dije temblando del miedo y de la indignación, no podía creer eso.
-«Doña Génesis, diríjase hasta la ventanilla de Avior en el segundo piso del aeropuerto y haga el reclamo de la situación».
-«Ok, gracias».
A pesar de la situación, ellos habían sido muy amables, así que no quise ser grosera con ellos que al final, no tenían la culpa, ellos estaban acá en Bogotá, no eran responsables de mi maleta.
Quería correr a poner el reclamo de lo de la maleta, yo solo pensaba en mi título, que no me traje en equipaje de mano para que no se dieran cuenta de que venía a quedarme y no me deportaran, sin embargo, tenía que resolver un asunto primero: los perros.
Ok, tenía dos perros y un maletín roto que tenía que cargar también, fuck, me hace falta otra mano. No pude evitarlo, tuve que alquilar un carrito de equipaje por cuatro mil pesos, estaba como loca, no conocía los billetes y casi que le doy cincuenta mil pesos al del carrito por el stress de los perros, la maleta y los pesos. Respiré, me calmé, tomé los perritos y los puse en el carrito junto con la otra maleta inservible que llevaba. Ahora sí, a correr hasta la oficina de la aerolínea.
Mi paso acelerado lo frenó un guardia del Aeropuerto Internacional de El Dorado.
-«Disculpe señorita, debe pasar a hacer la certificación de los perros».
-«¡Cristo!, ¿dónde?»
-«Por allá, pase su merced». (Aunque en realidad dicen como «mercé» en vez de «merced».
Entré a la oficina, donde habían otros tres empleados, echando broma, riendo y diciendo cosas que yo no entendía.
-«Si, buenas tardes, vine a hacer lo de la certificación de las mascotas».
-«Claro, ¿tiene los permisos?», me dijo uno de ellos.
-«Acá están. ¿será que yo puedo dejarle los perros acá mientras hago un reclamo en la aerolínea?»
-«No señorita, no puede salir hasta concluir el proceso».
-«Pero señor, entiéndame, mi maleta no llegó y debo ir a poner el reclamo».
-«¿Y usted de dónde viene?», me preguntó.
-«De Valencia, Venezuela».
-«Uish, yo que usted me hago la idea de que ya no tengo maleta, esos Guardias venezolanos son muy corruptos, seguro ya se la robaron», me dijo el otro funcionario que estaba en la oficina.
-«¡¿QUÉ?!, ¿cómo se le ocurre decirme eso?»
-«Es que eso es así, allá hay mucha corrupción, no es la primera maleta que no llega a Bogotá desde Venezuela y es que se las roban», me dijo el muchacho que me estaba atendiendo.
-«¿Saben qué?, mejor no me digan nada y hagan lo de los perros».
Estuve encerrada en esa oficina con los perros como por 45 minutos, ahí los pesaron, les sacaron las pulgas, los peinaron…, casi que le sacaron la carta astral. Por lo menos ese tiempo me sirvió para cargar mi teléfono que había muerto.
45 minutos y 47 mil pesos menos después, salí y entregué los perros, aproveché de dejarle al hijo de mi amiga mi otra maleta mientras ponía el reclamo. Subí como una desesperada, hasta parecía que iba a impedir que el amor de mi vida tomara un vuelo lejos de mi. Llegué a la ventanilla de la aerolínea, ahí estaba una pareja poniendo una queja a un señor del lado de afuera de la taquilla, del otro lado, dos chicas de Avior atendiendo a los pasajeros y usuarios.
-«Buenas tardes, vine a poner un reclamo de una maleta que no llegó», le dije a una de las muchachas.
-«¿Tú eres Génesis?», me dijo el señor que estaba atendiendo a la pareja.
-«Sí, soy yo». Qué fino eso de llegar nueva a un país y que ya todo el mundo lo conozca a uno, soy una estrella, de pana.
-«Génesis, te estaba esperando», me dijo el señor. -«Yo soy el Gerente de Avior acá en Bogotá, quería pedirte una disculpa por la situación. Tu maleta verde y sin una rueda está en Valencia, lamentablemente al hacer el cambio de equipaje del avión de Láser a Avior, tu maleta se quedó en el primer avión, pero no te preocupes, ya la recuperamos, está resguardada en la Gerencia en Valencia. Me comprometo a entregarte tu equipaje tal como lo entregaste, no te preocupes».
-«Bueno, eso no me da mucha seguridad», le contesté.
-«Tranquila, te haremos llegar el equipaje hasta el sitio donde te vas a quedar, solo necesito la dirección y un teléfono de contacto».
Le di los datos que me pidió, con el número de la amiga que me recibiría acá en Bogotá.
-«Ok, Génesis, tu maleta llegará mañana en el mismo vuelo en el que llegaste tú. ¿Algún objeto en específico que solo está en tu maleta?»
No quería decir que estaba mi título porque temía la deportación, no sé, soy paranoica y no creo en nadie.
-«Bueno, hay muchas bufandas, bufandas tejidas que me hizo mi mamá», respondí.
-«Ok, bufandas»…, repitió el hombre mientras escribía en la planilla el contenido de mi maleta. -«Lo siento Génesis, pero las bufandas son algo muy genérico, todo el mundo llega con bufandas, ¿algo más que sea propio tuyo?»
-«Esteee…, hay un suéter cuello tortuga rojo con un roto en la parte de atrás», le dije mientras pensaba en que todas mis cosas estaban rotas, qué horror.
-«No Génesis, eso tampoco me sirve, debes tener algo que identifique tu maleta».
-«Ok, hay una imagen de la Virgen del Valle y un portatítulo».
-«¿Un portatítulo? ¿Acaso vienes a quedarte?»
-«No, no, solo vine a comprarle la marquetería», respondí eso porque fue lo primero que se me ocurrió.
-«¿Viajaste a comprar una marquetería para tu título?», me interrogó el señor mientras se reía. -«Ok, no te preocupes, mañana llegará tu maleta en un taxi de confianza».
-«Gracias, estaré pendiente, feliz tarde». Le dije y me fui preocupada. Yo solo quería mi título.
Al día siguiente a la 1:00 p.m. mi maleta llegó a la casa donde me estaba quedando, intacta, pues, no tan intacta porque ya no tenía rueda y el manubrio había desaparecido por completo, pero lo importante es que todo estaba adentro. Al final salió mejor porque no la tuve que cargar en el aeropuerto, fue como un delivery de maleta, jajajjaja.
Sola, como Diveana
Dos semanas pasaron luego de mi llegada cuando algo me apareció en la palma de la mano derecha, pensé que me había clavado algo como una astilla, no lo sé, era una molestia terrible, me apretaba a ver si salía algo pero nada. No le di importancia y lo dejé pasar.
Ese primer malestar había surgido un lunes, el sábado ya tenía una enorme llaga llena de pus y una fiebre altísima, ese fin de semana estaba sola porque era feriado y mi amiga había salido de viaje por el puente. El lunes feriado, luego de la fiebre y la inflamación exagerada de la mano, decidí ir a un hospital porque la situación, lejos de mejorar, empeoraba.
Me fui con 30 mil pesos, que luego de tomar un taxi terminaron siendo 17 mil. No conocía Bogotá, así que salir sola, con fiebre y con una mano inútil no era opción. Pensé que me atenderían sin costo en el hospital, ya saben, la costumbre en Venezuela, sin embargo, la salud acá es paga y si no tienes EPS (Seguro), debes pagar. A mi me tocaba pagar 45 mil pesos por ser atendida, así que, al enterarme de eso di media vuelta y me fui, o sea, no llegaba ni a 20 mil, mi mano y yo nos iremos a lamentar a otra parte.
Con tan buena suerte, una amiga de mi hermana vive acá en Bogotá y ella decidió ayudarme, me envió hasta el hospital un amigo de ella con 45 mil pesos para que me pudieran atender, y es que, estaba muy mal, yo soy de esas personas que no se enferman, casi que nunca usé mi seguro estando en Venezuela, como para que me venga a pasar esto aquí.
Llegó el muchacho, otro venezolano con ocho meses en Bogotá, gracias a él y a la amiga de mi hermana me atendieron, el diagnóstico: celulitis infecciosa en mano derecha, hay que hospitalizar.
-«¡¿QUE QUÉÉÉÉÉÉÉ?!, no, debe haber otra solución».
-«Es que hay que pasarle antibióticos intravenosos para combatir la infección».
-«¿Y eso sería solo por hoy?», pregunté.
-«No, eso debe ser entre cuatro y cinco días».
-«Nooo vale, ¿no puedo hacer otra cosa? Yo no tengo EPS y tendría que pagar la hospitalización».
-«Uish, pues sí, para eso se necesitaría harta plata», me dijo la enfermera que estaba con el médico atendiéndome.
-«¿Cómo cuánto?», pregunté.
-«Pues, contando los servicios de hospitalización y tratamiento, por ahí como un millón seiscientos mil pesos».
-«NOOOOO, por favor, no, otra solución. Yo estoy de turista, estoy sola, soy venezolana, mi mamá está en Caracas, mi hermana está lejos, mi perra no me quiere…», empecé a soltar excusas para no quedarme.
-«Pues, podemos mandarte un tratamiento oral, pero si a los dos días no mejora, debes regresar, la infección puede tomar el músculo y comprometer la mano».
-«No, no, no, eso no va a pasar. Dígame cual es el tratamiento».
Al día siguiente, volví al hospital, la mano se puso peor y me tocó hospitalizarme.
Me internaron cuatro días, cuatro días recibiendo antibióticos que me ardían, que me daban taquicardia y que me drogaban, qué cuadro tan triste, estaba hospitalizada en una sala junto a nueve mujeres más, y de las 10, yo era la única que no recibía visita.
Las enfermeras al enterarse que yo era turista y que no tenía familia acá, me adoptaron y estuvieron pendientes de mi, ellas me visitaban en el día, y en las noches iba mi amiga a llevarme cosas luego de salir del trabajo. La amiga de mi hermana también fue a verme, pero fue fuera de horario de visita y la sacaron a los 10 minutos.
Si van a emigrar les recomiendo no enfermarse, al menos no de gravedad. Es terrible estar solo, y más cuando vas por una infección en una mano, te toman la vía en la otra y te quedas sin mano funcional como para comer, ir al baño, escribir mensajes y eso. Fueron cuatro largos días en los que no tenía una mano amiga, literalmente. Las dos me dolían.
Bueno, dejando a un lado el hecho de que no tenía mano funcional, la comida en el hospital era horrible, nadie me visitaba, las enfermeras lo despertaban a uno cada dos horas, las emergencias en la sala de hospitalización no cesaban y la cuenta por más de un millón de pesos que tuve que pagar por el tratamiento, debo -por lo menos- agradecer que aquí si habían insumos para tratar la infección y a Vallita gracias, mi mano superó el problema de buena manera.
Acá está cicatrizando luego de largos días de dolor y drenaje. A todos los que estuvieron pendiente de mi en la distancia, les envío un fuerte e indoloro apretón de manos.
No me has tocado fácil, Colombia, pero no me doy por vencida.



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