Gen, reciclando el chiste malo desde tiempos inmemorables
Antes que nada, camaradas, combatientes, compatriotas, pueblo unido que me sigue, quiero pedir disculpas por la ausencia que tuve durante estos tres largos meses. Mil y un cosas pasaron, una de ellas, como quizá ya lo notaron en las redes es que ya no estoy viviendo en Bogotá Y ME DUELE, ME DUELE PORQUE NO TENGO A MIS AMADOS BUÑUELOS CERCA DE MI.
Algo favorable paras mis trigliceridos y colesterol alto.
Pues, aquí voy.
Para ser sinceros, me gustaba Bogotá a pesar del frío, a pesar de los locos atorrantes que manejan el SITP (Servicio Integral de Transporte Público), a pesar de que los colombianos le echan queso a todo A MI ME GUSTABA BOGOTÁ, pero yo no le gustaba a ella, o al Gobierno colombiano, así que un día, la Cancillería me dijo: «Sigue intentando, amiga», y me mandó para mi casa.
Luego de ese rebote internacional, seguí haciendo todo lo posible para quedarme, hasta pensé en casarme con una amiga para poder optar a la visa de cónyuge, sin embargo, aunque planeamos ser unas hermosas novias vestidas de blanco en una notaría, los tiempos no cuadraban para hacer la solicitud de la visa, y eventualmente tendría que salir del país antes de incurrir en la ilegalidad.
Entonces…
Con dos semanas de tiempo para que se me venciera el plazo de los seis meses anuales que da Colombia a los turistas, luego de confirmar que ya no había posibilidad de permanecer en Santa Fe de Bogotá, tomé mi maleta rota y mi dignidad y emprendí camino a Santiago de Chile. Nadie vio venir eso.
Llegué a Chile el 20 de octubre, así, de sorpresa hasta para mi, tomé esta decisión porque sabía que de regresar a Venezuela, era muy difìicil volver a salir, y mira chico, me costó demasiado salir de allá como para regresarme. Así que puse toda mi fuerza y energía positiva a un segundo destino y acá estoy.
Sí, sí, sí, ya también me hice «experta» y «amplia» conocedora del tema migratorio en Chile, porque es lo que estoy viviendo actualmente. En otra oportunidad les hablaré de eso. Por los momentos, y con el fin de tener una excusa para actualizar el blog, diré que me gusta Santiago a pesar de los temblores. Me gusta más que Bogotá, de hecho.
Y es que:
-Todo pasa por algo.
-El tiempo de Dios es perfecto.
-Dios escribe derecho sobre líneas torcidas.
-Cuando se cierra una puerta se abre una ventana.
-Donde pisa una yegua no borra huella una potra.
-Entren que caben cien.
-Donde manda capitán no manda marinero.
También les contaré sobre Santiago y su lado peligroso.
Gracias a todos por su atención, seguiré pidiendo computadoras prestadas para no tener el blog en el olvido.
Saludos, compañeros.
Gen.

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