INSEGURIDAD | Santiago de León de Caracas Vs. Santiago de Chile

Inseguridad

Ambas se ven guapetonas desde un cerro

Las capitales suramericanas que conozco tienen similitudes interesantes. Caracas, Bogotá y Santiago no han resultado ser muy distintas la una de la otra. Sin embargo, a veces abruma lo familiarizado que puede sentirse un caraqueño en Santiago de Chile, por lo menos en el verano.

El caos del Metro en hora pico, la gente apresurada, la vista desde el cerro San Cristóbal tan similar a El Ávila; desde la cima del cerro puedes pensar que estás en el propio Waraira Repano, solo que la imagen del Costanera Center y la ausencia de un barrio en la montaña próxima te regresa a la realidad.

Los buses deteriorados, los vendedores ambulantes, los perros y gatos sin hogar, basura en algunas esquinas, los ciclistas impertinentes (que en Caracas serían motorizados), los perreros (que aquí se llaman «completos»), la cantidad de gente caminando por el centro…, son muchas las cosas que pueden hacerte sentir «como en casa». Seguro dirás: pero qué va, por lo menos en Santiago puede caminar tranquilo.

Ni tanto, mi amigo. En Santiago, también hay inseguridad.

Obviamente, las posibilidades de que te peguen un tiro por un celular son remotas. Sí, es verdad que puedes ir hablando por celular mientras caminas, o ir en el Metro o micro mandando mensajes, pero relajarse al extremo no está permitido.

Ya tengo dos meses acá, y en este tiempo he sido testigo de tres robos: dos hurtos y un asalto.

La táctica McNífica

El primero lo vi en el McDonald’s del centro (Plaza Italia), eran aproximadamente las 7:00pm (todavía con un sol ardiente en la calle), saliendo del restaurante vi como un pordiosero le sacaba el monedero a una chica de su morral, que lo dejó puesto en el piso mientras comía. La muchacha, descuidada como ella sola, hablaba con su amiga mientras la robaban.

Cuando lo vi, el hombre estaba tirado en el piso como una serpiente cerrándole el cierre del bolso, como si nada hubiese pasado. Después de robarla, se fue hasta la puerta gateando para luego salir corriendo. Lo peor es que fuimos muy poco los que nos dimos cuenta. Un señor fue a avisarle, no sé en qué terminó ese asunto.

La del recolector

Baquedano. Madrugada de viernes a las 2:30 a.m.

Yo había terminado mi turno de garzona en un evento e iba con unos compañeros a tomar micro, todos llevábamos la misma ruta, así que hicimos un grupo más o menos grande. Había muchísima gente en la parada esperando la misma micro, de repente se acercó «La pandilla de los 7», a dispersarse por toda la parada, que es bastante grande.

Veían a los que estaban ahí, lo que tenían, sus celulares. Nos dimos cuenta de la situación y nos alejamos del paradero. Al llegar la micro, se hizo el tumulto de gente para montarse, mientras se subían, los siete delincuentes robaron a diestra y siniestra sin que la gente se diera cuenta. Personas que la pusieron muy papita, o «dieron papaya», como dicen en Colombia.

Sacaron celulares, abrieron morrales, robaron billeteras…, todo en menos de tres minutos. Los robados, se montaron en su autobús y se fueron sin notarlo.

Al ver eso, nos fuimos a otra parada a esperar otro autobús.

La birra del mal

Nuevamente Baquedano, esta vez en una madrugada de sábado. 12:30am. Saliendo de otro evento, un pana y yo caminábamos al paradero, éramos vecinos de piso, así que era lógico que nos fuéramos juntos. Lo llamaron del evento del que habíamos salido, contestó y conversaba mientras íbamos camino a la parada. Al cruzar, vimos que estaba llegando la micro y corrimos para alcanzarla.

Al hacerse la acumulación de gente para subirse, llega otro grupito de malandrines, hacen como si se van a montar en el bus y le arrancan el celular a mi amigo. Él grita todos los improperios venezolanos que se sabe y se le va encima al chamo que le arrancó el teléfono, que imagino, nunca imaginó que se le iba a enfrentar.

En eso, que mi amigo está intentando recuperar el teléfono que le quitaron, se acercan los demás, y uno de ellos, como para intentar detener a mi pana, le da un botellazo en la cabeza. Al final, no entendí muy bien qué fue lo que pasó porque todo fue muy rápido, pero el resto de la banda empezó a lanzar botellas al aire y a quebrarlas para que la gente se asustara y se fuera.

Al final, los malandros se fueron corriendo y mi amigo terminó robado y claro, se imaginarán dónde residía la rabia en realidad: nunca me robaron en Caracas como para que me venga a pasar esto aquí.

En conclusión, no se descuiden, en Santiago de Chile la gente también anda alerta.

 

Gen.

Respuestas

  1. Avatar de EXPERIENCIA CON LOS SISMOS | Despiértame cuando pase el temblor

    […] frente a lo que están acostumbrados los chilenos. Después de vivir mi primer temblor en Santiago, mi vida […]

    Me gusta

  2. Avatar de Tuve una pesadilla: soñé que estaba en Venezuela

    […] la mayoría de los casos estoy como perdida en Caracas, sin saber que hacer en la ciudad en la que nací pero que tanto ha cambiado desde que me […]

    Me gusta

Replica a EXPERIENCIA CON LOS SISMOS | Despiértame cuando pase el temblor Cancelar la respuesta